|
Parroquia
agustiniana de Santo Tomás

Así se dice que son bienaventurados los
que meditan la ley de Dios, y lo buscan de corazón; no en
cuanto meditan y lo buscan, sino en cuanto han de llegar a conseguir lo
que buscan.
Busca, pues, al Señor, búscale de todo
corazón, no lo hagas con negligencia. Si la esperanza te
hace feliz, también la esperanza quizá te
conservará sin mancilla.
Pues en esta vida, aunque camines según la ley del
Señor, medites en sus preceptos y lo busques con todo tu
corazón, es cierto que si afirmas estar sin culpa, a ti
mismo te engañas y no dirás verdad 7.
Serás, pues, bienaventurado si procuras ser justo;
busca, por tanto, lo que debes tener para ser feliz.
Cuando consigas esta felicidad, serás ciertamente mejor que
ahora, que eres desgraciado. Es imposible que una cosa peor te
haga mejor. Eres hombre, y todo lo que ahora deseas para ser
feliz es inferior a ti: el oro, la plata y todos los bienes
materiales,
cuya posesión y goce al presente anhelas, son
inferiores a tu naturaleza.
Eres algo más excelente, vales más que todas esas
cosas juntas; y cuando aspiras a la felicidad, es cierto que suspiras
por algo mejor de lo que tú eres, porque ahora sientes tu
propia miseria.
Si pretendes mejorar tu situación, no debes poner
la mira en los bienes que son inferiores a ti. Y es cierto que
cualquier cosa que busques en la tierra es siempre de menos valor que
tú.
Escucha mi consejo de amigo: ¿quieres ser mejor?
Busca lo que es más excelente que tú para con
ello hacerte mejor de lo que eres.
Levanta tu mirada al Creador; no desconfíes,
diciendo que es alto el blanco propuesto; mucho más
difícil te ha de ser la posesión del oro por que
suspiras.
2 de Junio
2010
|